La primera y última oportunidad del periodismo está en los lectores

Periódicos en un puesto de quiosco.

¿Hacia dónde va la profesión periodística?

¿De qué sirve el periodismo si no vende?. Esa es una interesante y definitiva frase que escribe Bill Kovach en Los elementos del periodismo. Y esa sentencia nos hace dudar sobre para quien trabaja el periodista actualmente. Para las empresas, para los jefes, para el periódico o para el público (como debería ser). Durante años las empresas periodísticas han abusado tanto en su promulgación de independencia que esas sentencias han acabado por carecer de sentido. La realidad es que a partir de la década de los noventa los periodistas comenzaron a ver su independencia en entredicho. Primero, las empresas fueron creciendo como grandes organizaciones periodísticas. Esto hizo que el trabajador ya no pudiera tener una relación de proximidad con el público.
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Es difícil encontrar un periodista leal con sus lectores hasta las últimas consecuencias

Luego vino la crisis y las empresas comenzaron a olvidarse del lector, a utilizar los periódicos como base de datos de los ciudadanos, como conexión con el mundo empresarial. Lo que dijera o informara el periodista al público no importaba tanto, por lo que desaparece el contrato que tienen los dos. En este sentido, Kovach realiza un planteamiento realista sobre la situación actual de las redacciones que, si bien se circunscribe en el contexto de los Estados Unidos, sería fácilmente extrapolable al caso español. Las transformaciones económicas acontecidas en los años noventa, y que colean todavía hoy, han conseguido modificar las prioridades de un producto periodístico otorgando mayor relevancia al marketing y a los anunciantes que a la información.

Hoy en día es difícil encontrar un profesional del periodismo leal con sus lectores hasta las últimas consecuencias. Bien por presiones políticas o económicas, o bien por la misma dinámica de la empresa, el periodista está sometido a una serie de elementos que le obligan a trabajar desde la perspectiva del favoritismo, es decir, trabajo por objetivos o evitar dar mala imagen a determinados anunciantes, o bien desde el temor a ser despedido o repudiado entre sus colegas. En definitiva, las empresas que invierten en la publicidad y los intereses empresariales del medio estrechan el margen de maniobra de los redactores.

En esta dinámica de trabajo los periódicos y, por extensión, los periodistas han llevado al ostracismo al verdadero objeto de su vocación: el público lector. Todos recordamos sin duda ediciones, que se prolongan durante semanas, en las que los diarios escriben para sus competidores, lanzándose mensajes en clave entre ellos, obviando por completo al ciudadano que espera encontrar información de calidad en el producto. Otra falta de respeto grave se produce cuando los directivos deciden atender únicamente a la clase política, convirtiéndose en la práctica en un canal de comunicación entre los políticos, muchas veces vacíos y carentes de utilidad para la ciudadanía a la que en teoría sirven.

Decálogo del buen periodista, según Bill Kovach

  1. La primera obligación del periodismo es la verdad.
  2. Su primera lealtad es hacia los ciudadanos.
  3. Su esencia es la disciplina de la verificación.
  4. Sus profesionales deben ser independientes de los hechos y personas sobre los que informan.
  5. Debe servir como un vigilante independiente del poder.
  6. Debe otorgar tribuna a las críticas públicas y al compromiso.
  7. Ha de esforzarse en hacer de lo importante algo interesante y oportuno.
  8. Debe seguir las noticias a la vez de forma exhaustiva y proporcionada.
  9. Sus profesionales deben tener derecho a ejercer lo que les dicta su conciencia.

A este circo se suma un nuevo artista en la pista central, el periodista convertido en personaje público y que se dedica a ser él fuente de información para el resto de sus compañeros. Es decir, el periodista estrella. Es necesario reestructurar la profesión periodística, de manera que el “verdadero” periodista vuelva a adquirir ese compromiso con el público; a su vez, los directivos deben contratar a periodistas que sepan que su primer compromiso es con el ciudadano. Si no el periodismo habrá muerto y se convertirá en pura y dura publicidad. Como solución, Kovach propone poner en práctica una declaración de buenas prácticas y conductas. Se tratarían de una serie de intenciones que deberían plantearse las redacciones y directivos de los diarios de cualquier medio de comunicación.

Aunque a nuestro parecer el “periodismo puro” basado en la abnegada búsqueda de la verdad puede resultar un tanto utópico, ya hay tímidas muestras de que a algunos les ha llegado el mensaje y están iniciando el viraje hacia este cambio positivo. De hecho, como afirmó Pau Llop en el aula de cuarto curso de periodismo, la descentralización de internet ya está “matando” al periodista estrella. En cualquier caso, el periódico de “publicidad pura” en detrimento de la calidad informativa también va camino al fracaso, como ya nos constataron José Mª. Perea, del INFORMACIÓN, o Juan Diego Sastre, de La Verdad.

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